
En Bolivia, la paridad política se enfrenta a un sistema abiertamente androcéntrico donde la violencia política persiste y se profundiza. En un año electoral marcado por la polarización y las fracturas sociales, OXFAM y la Fundación InternetBolivia.org crearon el observa torio La Lupa Digital para documentar cómo opera esta violencia en el entorno digital.
El observatorio sistematizó diez casos de violencia digital contra mujeres políticas o vinculadas al contexto electoral, quienes fueron objeto de ataques coordinados en entornos digitales. Estos casos se construyeron a partir del monitoreo de videos, comentarios e imágenes difundidos y viralizados en redes sociales y plataformas digitales. Y, además, de entrevistas en profundidad con las propias mujeres, que permitieron comprender no sólo los patrones de ataque, sino también los efectos concretos de esta violencia en sus trayectorias, decisiones y permanencia en la vida política.
Los casos evidencian la reiteración de diversos mecanismos de violencia, entre ellos la fabricación de relatos moralizantes, como acusaciones de “traición” o insinuaciones sobre vínculos sexuales, el uso de montajes y deep fakes para la producción de contenido difamatorio, así como prácticas de ridiculización y estereotipación, acoso digital, violencia institucional y formas de violencia extendida.
Las consecuencias son inmediatas y acumulativas. En lo personal, las mujeres enfrentan ansiedad, miedo, autocensura y el retiro temporal o definitivo del espacio público. En lo político, se reduce la participación de las mujeres y se vacía la democracia de voces diversas. Los casos documentados son elocuentes: a las mujeres no solo se les exige acceder a los espacios de participación, sino también resistir entornos hostiles que buscan desgastarlas y expulsarlas. Según la OEA, el 28% de las mujeres que sufre violencia digital opta por limitar deliberadamente su presencia en línea.
Esta violencia afecta directamente la calidad democrática. Al silenciar y desplazar a las mujeres del debate público, Se restringe la participación libre y plena, y se normaliza la violencia como “parte del juego”. En Bolivia, la Ley 243 contra el Acoso y la Violencia Política no reconoce explícitamente el entorno digital, lo que deja denuncias sin curso, delitos sin nombre y operadores de justicia sin herramientas para actuar.
La inacción institucional se articula con la lógica algorítmica, que amplifica el odio y sostiene una doble impunidad, técnica y política. La violencia deja de percibirse como delito y se vuelve paisaje. Pero cuando una sociedad acepta la agresión sistemática contra las mujeres políticas lo que está en riesgo no es solo su dignidad, sino la democracia misma.
Los casos documentados por la Lupa Digital confirman que la violencia digital no termina en la pantalla. Es un umbral hacia violencias físicas y simbólicas que se trasladan a las calles, a las instituciones y a los medios. Un clic basta para iniciar una cadena que
rara vez encuentra límites.
Una democracia en la que las mujeres no pueden participar, disentir y decidir en condiciones de seguridad no es una democracia plena. Nombrar los mecanismos, rastrear los ataques y exigir respuestas no es retórica, es una condición mínima para frenar la violencia. Nuestra democracia necesita menos clics y más responsabilidad.
Los y las invitamos a profundizar el fenómeno de la violencia política digital, a través de los diez casos que presentamos en esta primera edición. Conocer y profundizar sobre esta violencia es el primer paso para poder enfrentarla, desnaturalizarla y exigir de manera conjunta las respuestas institucionales.
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